Una vez más, la Plaza Constitución fue lugar de encuentro, oración y compromiso por una sociedad donde todas las personas puedan vivir con dignidad, ejercer sus derechos y estar libres de toda forma de explotación.
El martes 22 de septiembre participamos de la 19ª Misa en solidaridad con las víctimas de la trata de personas y con todas las realidades de exclusión, bajo el lema “Por una sociedad sin esclavos ni excluidos”.
La jornada comenzó con una Feria por la Inclusión, donde organizaciones sociales y eclesiales compartieron proyectos, iniciativas y experiencias que buscan abrir caminos de inclusión y acompañamiento. Luego tuvo lugar la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor Pedro Cannavó, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires, con la participación de obispos, organizaciones, movimientos de trabajadores y trabajadoras de la economía popular, la familia grande del Hogar de Cristo y las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.
Una celebración que pone en el centro a las víctimas de trata
La trata de personas continúa siendo una grave vulneración de derechos humanos que transforma a las personas en objeto de explotación y atenta contra su dignidad y libertad. Puede manifestarse de distintas maneras, entre ellas la explotación sexual y laboral, y suele estar atravesada por situaciones de vulnerabilidad, desigualdad, engaño, violencia, amenazas o abuso de poder.
Por eso, esta celebración representa también un espacio para visibilizar estas realidades que muchas veces permanecen ocultas y renovar el compromiso de toda la sociedad en la prevención de la trata, la protección de quienes la atraviesan y la construcción de caminos de acompañamiento y restitución de derechos.
En la convocatoria estuvieron especialmente presentes las realidades de mujeres en situación de prostitución, víctimas de trata laboral y sexual, personas migrantes, trabajadores y trabajadoras cartoneros, personas en situación de calle y personas que atraviesan situaciones de consumo problemático, entre otras.
Para las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, esta mirada tiene un significado especial. Desde nuestra misión, acompañamos a mujeres que atraviesan situaciones de prostitución, trata, exclusión y otras formas de vulneración de derechos, procurando generar espacios de escucha, acompañamiento y oportunidades para construir nuevos caminos.
Estar presentes en esta misa es, también, hacer visible que detrás de cada situación de trata hay una persona, una historia y derechos que deben ser reconocidos y restituidos. No se trata solamente de denunciar una realidad, sino de comprometernos como comunidad para que ninguna persona quede sola frente a la explotación.
“No acostumbrar nuestra mirada”
Durante su homilía, monseñor Cannavó reflexionó a partir del Evangelio del Buen Samaritano y llamó a no acostumbrar la mirada frente al dolor. Se preguntó cuántas veces naturalizamos las situaciones de sufrimiento que encontramos cotidianamente y señaló la necesidad de detenernos, conmovernos y hacernos cargo.
Su reflexión invitó a comprender el acompañamiento no como una acción aislada, sino como un compromiso comunitario. “El acompañamiento y para que el otro pueda ponerse de pie tiene que experimentar que hay una familia que lo sostiene”, expresó durante la celebración.
Este mensaje cobra especial fuerza frente a la trata de personas: para salir de situaciones de explotación hacen falta redes, acompañamiento sostenido, acceso a derechos y comunidades capaces de abrir nuevas oportunidades.
Un camino que continúa
La celebración de este año marca además el camino hacia los 20 años del reclamo “Por una sociedad sin esclavos ni excluidos”, una iniciativa que nació en Buenos Aires y que continúa convocando a distintas organizaciones y comunidades alrededor del compromiso con quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.
Desde Puerta Abierta Recreando renovamos nuestra presencia y nuestro compromiso en este camino. Seguimos apostando por una sociedad donde ninguna persona sea considerada descartable, donde la trata y toda forma de explotación puedan ser prevenidas y denunciadas, y donde cada mujer pueda encontrar espacios de escucha, acompañamiento y nuevas oportunidades.
Porque construir una sociedad sin esclavos ni excluidos implica no acostumbrar la mirada, reconocer las situaciones de explotación y comprometernos para que cada persona pueda recuperar su dignidad, ejercer sus derechos y volver a ponerse de pie.




















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