En esta oportunidad no mencionaré a todos, pero saben que a aquellos que están en Puerta Abierta y en mi país los quiero mucho a todos.
Esta vez quiero hablar de mí, de mis hijos, mi familia.
Tengo dos hijas, son hermosas y me dieron siete nietos de los cuales estoy feliz de tenerlos. Tengo siete hermanos, una que no está pero la llevo en mi corazón, y un hermano que vive en Macorí y lo vi una sola vez, y quisiera verlo de nuevo.
Tengo varios amigos y amigas que siempre recuerdo con mucho cariño.
Aquí en Argentina hice muchos amigos, al igual que en mi país que si no los hubiera encontrado, no hubiera logrado lo que logré, por eso les aconsejo que busquen personas buenas porque si me hubiera juntado de malas personas jamás lo hubiese logrado.
Hoy yo tengo un diploma de trabajadora, cocinera, yo fui peluquera, y hoy tengo el diploma, también el de computación y otros diplomas de Puerta que nunca pensé tener.
Aquí tengo varias maestras, para mí es un orgullo. Estoy agradecida con Dios, con todo lo que me ha dado y enseñado, y lo que seguiré aprendiendo. Le doy gracias a mis maestras que están y las que no.
Les cuento que estoy haciendo un curso de alta costura, que en mi país se llama modista, y la sorpresa que me llevé a fin de año.
Vine a Puerta Abierta a una reunión porque ese día era la fiesta. Cuando estábamos en la entrega de diplomas me llevé una sorpresa muy linda, al recibir el sobre que tenía dibujado una máquina de coser. Comencé a saltar de la felicidad (Ay! Ay! Ay!), ya que, gracias a Dios y a Puerta Abierta, hoy tengo una máquina. Estoy muy agradecida de todas y cada una de las personas que están y las que me han ayudado.
Después de estar en Puerta Abierta y orar tanto, y pedirle a Dios y a la Madre Antonia, y gracias a la carta que le mandé a Ciempozuelos con la hermana Purita, me ha dado resultado: hoy tengo un trabajo, pienso diferente y al despertar me levanto con una sonrisa y trato de pensar en cosas buenas.
Recuerdo mucho que una vez mi padre le dijo a mis tres hermanos “Empújenme que no sé andar en bicicleta”, lo empujamos y se fue solo, diciéndonos: “Viste que sabía” y nosotros sonreímos al ver que se iba. Y recuerdo mucho a mi madre, me iba a ver y me sentaba en sus piernas, me sacaba espinillas de la espalda, gracias a Dios por regalarme estos hermosos recuerdos que para mí siempre estarán presentes.
Muchos besos para todas y sonríanle a la vida.!!!


Olga-Dolca

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