Por Lorena López Guzmán

Derechos Humanos en tiempos de vulnerabilidad 
Los derechos humanos son inseparables de la existencia del ser humano. En ellos, no se distingue nacionalidad, sexo, religión, fenotipo, residencia, clase social, origen étnico, lengua, cultura.  Se contemplan derechos básicos fundamentales como el derecho a la vida, la libertad, el trabajo, la educación, la salud, la vivienda, la libre expresión y opinión, la no esclavitud, entre otros. Así, es responsabilidad y obligación de los distintos gobiernos del mundo incorporarlos y respetarlos siempre y cuando hayan firmado y suscrito a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

Dicha Declaración tiene su origen al finalizar la II Guerra Mundial (1939 a 1945). Tras la guerra, la barbarie allí sufrida obligó a varios países del mundo a establecer deberes y derechos para la no repetición de todo tipo de horrores y vejámenes que contra la humanidad allí se cometieron. Buscó además la protección de grupos humanos considerados como vulnerables: niños, mujeres, ancianos, grupos étnicos y religiosos, personas con discapacidad física o mental. 
Por ello, los pueblos del mundo estamos llamados a defender -desde una exigencia ética y activa- aquellos derechos que están por encima del Estado, no exclusivamente como ciudadanos, sí más bien, en calidad de seres humanos. En caso de ser violados dichos derechos, existe un único responsable: el Estado mismo. Cuando esto ocurre y los aparatos judiciales propios del Estado son insuficientes o impunes se recurre a Tribunales Internacionales de Justicia (por ejemplo, la Corte Penal Internacional quien monitorea los crímenes de lesa humanidad). 

Cuando las guerras no cesan, reprobando las lecciones del pasado, urge conocer, estudiar y difundir los derechos que cada uno de nosotros tenemos como habitantes de este mundo. Como dijo el Papa Francisco en su reciente visita a Colombia: “A nosotros, cristianos, se nos exige generar «desde abajo» un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, responder con la cultura de la vida y del encuentro”. Y por la defensa de la vida es menester un mundo donde la naturaleza y la humanidad no siga siendo presa del exterminio sistemático ante la amoralidad del sistema (capitalista) imperante. 

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