Por Hna. Carolina Acosta. Hnas de Ntra Sra. Del Calvario.
Oberá Misiones

Es una buena pregunta para hacernos de cara al 8 de marzo. En esta realidad en la que estamos inmersas, con el alto porcentaje de femicidios existentes en nuestro país y los tristes acontecimientos que a diario tienen a las mujeres como víctimas o como un objeto más del Mercado, listo para ser consumido…
¿Qué queremos celebrar?
Existirán tantas respuestas como mujeres que se lo pregunten…comparto aquí algunos puntos que considero claves, imprescindibles para nuestro crecimiento como mujeres, que resultan auténticos motivos para reunirnos y no permitir que este día pase desapercibido.
           
    Celebrar NUESTRA PALABRA:
Son muchas las experiencias que tenemos: en los grupos de mujeres, en encuentros, talleres de formación, retiros espirituales o una charla con alguna amiga íntima, que comprende lo que sentimos en lo más profundo. En ellas experimentamos la importancia que tiene contar con un espacio donde verbalizar lo que nos pasa, sobre todo si se trata de ponerle nombre a sufrimientos, injusticias u opresiones vividas. Un espacio contenedor, de escucha detenida, espacio de confianza y respeto profundo por el ser de la otra, más allá de lo que cuenta.
Es necesario ser consientes que la palabra de las mujeres, es en muchas ocasiones, la palabra que las ha oprimido, discursos sociales, políticos y/o religiosos, que las han confinado al ámbito doméstico, justificando su falta de oportunidades para la educación, participación social, trabajo fuera del hogar, y determinado un modo de estar en el mundo, marcado por la desigualdad y la subordinación.
Por esto, NECESITAMOS CREAR ESPACIOS en los cuales:
1)- las mujeres podamos recobrar-recuperarnuestra palabra y pronunciarla públicamente.
2)- juntas escucharla y reflexionarla desde otro marco, con otros lentes no patriarcales, para
3)- Volver a decirla limpia de “las alienaciones que nos mantienen cautivas de un sistema autoritario que nos limita la capacidad de beber de la propia experiencia”[1], ya que ceder a otro/a la propia palabra tiene una gran incidencia en la vida de la familia y la sociedad, así como la tiene el pronunciarla.
           


[1] Ivone Gebara, Instituciones Eco-feministas. Ensayo para repensar el conocimiento y la religión, Primera Edición, Montevideo, 1998, pág.2
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