8 de septiembre: Pascua del Padre Serra

Por Hna. Juana Yolanda Lescano, osr

Padre Serra, tu corazón misionero te llevó a las calles y hospitales donde te encontraste con la mujer prostituida. Desde tu mirada y escucha supiste captar tanto el dolor como la búsqueda esperanzada de cada una de ellas. Es fácil imaginar que tu presencia les inspiraba confianza cuando las visitabas en las calles y en el hospital San Juan de Dios, allí en España del Siglo XIX.

“Esto era demasiado doloroso para que yo pudiera presenciarlo sin determinarme a hacer algo a favor suyo”.

Tu audacia y sabiduría contemplativa-misionera te llevaron a buscar ayuda, encontraste en Antonia una mujer que te acompañara en esta desafiante  determinación de hacer algo por ellas. Aunque al principio no fue fácil convencer a Antonia, supiste sensibilizar su corazón hasta tal punto que lograste convertir su corazón. Después de un proceso de discernimiento determinó entregar su vida en esta hermosa misión y así llegó a ser la primera mujer Oblata, pilar fundamental en la Obra Redentora desde 1864.

Mirando y contemplando tu historia, tu vida comprometida, reconocemos que es admirable y esperanzadora. Nos hace bien descubrir que también hay hombres con capacidad de ternura y con la capacidad de respetar y valorar la vida de las mujeres. 

¡Padre Serra! ¿Qué viste, qué presenciaste para conmoverte hasta el extremo? Esa mirada tuya y tu accionar profético siguen haciendo eco en nuestros corazones. Hoy te recordamos con admiración y queremos seguir ese itinerario de tus pasos…

Tu vida, Benito Serra, fue semilla sembrada en quince países de esta tierra, donde seguimos con pasión la misión de ser “Puerta Abierta” para la mujer. Hoy conocemos la realidad de la mujer que sufre por estar en situación de trata para la explotación sexual. Miramos y escuchamos a la mujer que para en una esquina vendiendo su cuerpo. Sabemos que hay miradas que las consumen, las desprecian, les hieren el alma y queremos determinarnos a hacer algo por transformar esa situación. Actuamos con la esperanza de ser “Puerta Abierta” a un futuro diferente, a ser el abrazo que cura sus heridas para empezar de nuevo una vida en libertad y dignidad. 

¡Querido Padre Benito, ayúdanos!


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