Conocí Puerta Abierta en las reuniones rotativas de “Acá con nosotras”, con los años fui invitada a integrar el Proyecto “Basta para mí “, coordinando el taller de Autoayuda. Siendo mi última actividad la de trabajo de campo, generalmente acompañando a la hermana Mariana y a Corina.

Tantos recuerdos acuden a mi memoria muchos de ellos no tan buenos a los pocos días escuchar a las mujeres que una compañera dominicana había sido asesinada. La angustia cuando habían secuestrado a las hijas de una mujer de Puerta, la indignación frente al maltrato televisivo a las mujeres en situación de prostitución y sus consecuencias y otros más felices. Los deseos de ser libres, de ver a su madre, de poder viajar a su país. De esperarnos en el hotel con un bizcochuelo.

Las asambleas con las palabras circulando, las reuniones de equipo con la búsqueda de soluciones.

Los cumpleaños con las danzas circulares de la hermana Olga, con las ricas tortas, con baile, música. Aquello que tan bien sintetizó la hermana Herminda “Que podemos estar mal y que podemos resurgir, levantarnos, cada mañana”

Yo lo viví, les decía a las mujeres del taller “.El estar con ustedes me curo, me siento bien, me voy mejor de lo que llegué. La emoción cuando escuchaba “Resistiré”, gestado por Judith, la experiencia, contención compartida en la diversidad, de las que trabajamos, de las mujeres y sus niñxs, de las que estaban en la calle, de todas y de cada una que pudimos encontrarnos.

Feliz cumpleaños Puerta Abierta. Gracias por tanto amor.

Raquel Disenfeld


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