11 de mayo 1810  
Por Marlenis – Hilda – Titina – Rossi – Grupo de catecismo Madre Antonia
Somos un grupo de mujeres que en el mes de mayo iniciamos un camino para crecer juntas en la fe y prepararnos para recibir el sacramento de la Comunión.
En uno de los encuentros reflexionamos sobre la vida de Padre Serra y como él vivía la misericordia. Lo compartimos con ustedes:
¿Qué descubrimos de la vida del padre  Serra?
Una historia de entrega, compromiso, solidaridad y lucha por el bienestar de las mujeres desprotegidas.
Nació en Mataró provincia de Barcelona (España)  el día 11 de mayo de 1810.
Hizo sus primeros estudios en Barcelona con los escolapios. A los 16 años ingresó al monasterio Benedictino de Compostela, fue un buen estudiante y llegó a hacer un gran teólogo. 
Terminó sus estudios y decidió ser monje benedictino y  fue ordenado sacerdote el 18 de marzo del 1835 en Santiago de Compostela. No se dio por vencido cuando en España cerraron los monasterios y salió en busca de su vocación.
Decidió dedicarse por completo a las misiones y el día 8 de enero de 1846 llegaba a Australia.
En1862 presenta su renuncia y se instala en Madrid donde se entrega a diversas tareas pastorales. Es en el Hospital San Juan de Dios, donde descubre la situación de las mujeres que una vez curadas no tenían a dónde ir, ya que la sociedad las rechazaba.
Cuando conoce la realidad de las mujeres en situación de prostitución se conmueve profundamente y decide hacer algo por ellas.
Junto a Madre Antonia buscan una casa para que las mujeres tengan un hogar y familia.
Fundó la Congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. Ya eran 14 las casas que la congregación había abierto cuando él fallecía el día 8 de septiembre de 1886.
En resumen fue un hombre trabajador, luchador y con mucha fe, por lo tanto no se dio por vencido y luchó por sus ideales, su fe en Dios y en sí mismo. Tan grande era su fe que no le importaba navegar por varios días con el mar embravecido, llegar a lugares donde las personas no hablaban su lengua para llevar la palabra de Dios.
Elige identificarse con la figura del buen pastor así vivió la parábola de la misericordia.
Llevó la paz en su sello pero, sobre todo, en su corazón.
Tenía muy claro que seguir a Jesús implicaba comprometerse siempre.
¿Cómo vivía la misericordia? 
Hizo realidad la parábola del Buen Pastor, buscando las ovejas perdidas, en este caso, las mujeres que están en prostitución, buscando una casa de alojamiento para estas mujeres que estaban desamparadas.
Él vivía la misericordia siguiendo el ejemplo de la Parábola del Buen Pastor, lo hacía con  la gente y con las oraciones. 
A través de su fe, el llamado de Dios y su vocación hizo que viviera pensando en ayudar a los necesitados y llevar la palabra de Jesús a todas las personas. 
Grande en misericordia, luchador sin reserva con verdad y justicia nunca hizo cuentas para invertir en la causa de Dios

El sabía que con una mujer que dignificara su vida había una fiesta en el cielo.
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