Por Hna. Noelia Cecilia Ramirez
María es una mujer; y esto ella lo sabe muy bien. Si no fuera mujer, seguramente no viviría la vida que lleva. No le habría tocado este papel dentro de esta satírica escena de la sociedad.
Dicen que ella está trabajando.  Si el trabajo dignifica, como dicen las proclamas tradicionales, pararse en la esquina todos los días para ella no es un trabajo. Lejos de dignificarla, las manos sudorosas y los cuerpos jadeantes de esos hombres que alquilan su cuerpo para satisfacer sus deseos sexuales, que evidentemente no tienen la virilidad suficiente para saciarlos sin pagar, le dan asco, la llenan de vergüenza, de bronca… pero es esto lo que le da de comer…
Ella es una mujer. Si no fuera así, no estaría sola haciéndose cargo de la mantención y crianza de los chicos, como si los espermatozoides no tuvieran intervención alguna en el proceso de procreación. Por una extraña razón o por una lógica del sistema, muchísimas mujeres en el mundo se hacen cargo solas de sus hijos. ¿Por qué no le iba a tocar a ella?
Parada en la esquina, María espera, una espera que pelea contra las cadenas invisibles que la atan a esa vida. Mira a su alrededor, y ahí están ellas: otras tantas mujeres, jóvenes y viejas, argentinas y extranjeras, que cargan con la misma suerte… y con las mismas cadenas, carencias, abusos, pobreza, falta de vivienda, soledad, enfermedad, analfabetismo, incomprensión… Son mujeres, pero, para muchos son solo un cuerpo que se puede comprar con dinero para satisfacer sus ansias sexuales.
María, también recibe las miradas de quienes pasan a su lado: miradas acusadoras, de desprecio, de condenación, de deseo…
María es una mujer que, como todas, tiene sueños, anhelos… No siempre se anima a decirlos, a pensarlos. No es fácil para ella permitirse soñar. Ella tiene los pies en la tierra. – Soñar es cosa de niños – piensa. ¡La vida es tan dura! ¿Cómo poder soñar?
¡María! ¡María! ¿Condenada por ser mujer?
María, mujer. ¿Qué delito cometiste, mujer de la historia, que pagás con sangre la condena de tu suerte? Los años pasan y la historia se repite. Hay nuevas leyes, nuevas proclamas de derechos… y la historia se repite.
¡María, María! ¡Sí pudiera darte sueños nuevos! Sí te atrevieras a mirar por la ventana, a entrar o salir por esta puerta abierta… No estás sola. Son muchas las Marías, mujeres fuertes que resisten… Son muchas las mujeres que ya despertaron y se atreven a soñar con los pies en la tierra. ¡No se resignan!
¡Vamos, María! Caminemos juntas, mujeres de todos los tiempos. Caminemos unidas y fuertes, rompiendo cadenas que nos paralizan, cambiando estructuras, soñando, riendo y llorando… viviendo. Caminemos juntas abriendo caminos de liberación, para nosotras, para nuestras hijas, para  que este mundo pueda ser mejor.


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