19 de Abril: Día de los pueblos originarios

Por Alejandra Vera, rscj 

Este año en la SEMANA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS que nos propone el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), desde el Centro de Educación Popular “Felicitas Mastropaolo rscj” organizamos la charla-debate “La Educación Intercultural Bilingüe: una mirada desde los Pueblos Indígenas y las políticas públicas” buscando reflexionar acerca de la educación como derecho de todos los pueblos.
Me gustaría compartirles mis sensaciones, reflexiones e interrogantes después de esta experiencia…
Arrimarme a los Pueblos Originales, es siempre un deseo de volver a mi raíz más profunda y más escondida (o no asumida), esta vez desde “la educación y las políticas públicas” y además parada desde la ciudad. Pareciera que una cosa nada tiene que ver con la otra, y sin embargo, conviven, no siempre con armonía…
Me fue novedad enterarme la cantidad de niños y niñas, de Pueblos Originarios que están viviendo en la ciudad y asisten a las escuelas.
Niños y niñas que no solo vienen de otros países sino también de otras culturas y cosmovisiones. Pibes y pibas que tiene que aprender a leer, escribir, redactar, hablar, dibujar, cantar, bailar… “APRENDER” ser parte de un sistema educativo hegemónico y poco preparado para incluir y Dejar Ser lo diferente.

Una escuela que les enseñará: “Pienso y Luego existo” (Descartes), que les enseñará que la tierra es un RECURSO natural. 
¿Por qué no afirmar, mejor, “pensamos y luego existimos”? No somos seres aislados, es real que nacemos como individuos, pero somos y nos hacemos en comunidad, nos pensamos, aprendemos y crecemos con otros y otras. 
Tomar la tierra como un RECURSO dio al ser humano el permiso para usar y abusar de ella, para explotar, quebrar, talar, romper y descartar cuando ya no sirve.
Solo estas dos ideas me enseñan una manera distinta de pararme ante la vida: cuánto tengo y tenemos por aprender de los pueblos originarios. Aprender de esta vivencia de la tierra como Madre, la Pachamama… que nos cuida, nos protege, nos da el alimento y de la cual salimos y somos parte.
Pero también en la Escuela se dan experiencias que visualizan la diferencia, para valorarlas, sacar lo mejor y ayudar a integrar (no son pocas y tampoco aisladas) experiencias de comunidad, donde la fiesta, el baile, el idioma, los colores, la poesía y la espiritualidad visten esos espacios.

Siempre estas experiencias me dejan mezclada de dolor y indignación por tanta injusticia; pero también me llenan de colores y de certeza que la vida es más fuerte.
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