Por Hna. Mirta Sanchez, osr.

Hola queridos/as amigas/os de este hermoso espacio que nos regala la Editorial de nuestra Revista “Puerta Abierta” para encontrarnos una vez más y seguir compartiendo y reflexionando en este rasgo propio de Dios con cada uno de nosotros y expresado  de una manera predilecta en Jesús. Jesús como expresión de la MISERICORDIA del Padre. 
Vamos entonces a adentrarnos en esta oportunidad en la riqueza de la misericordia y consolación de Dios.
De acuerdo al Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, la MISERICORDIA es el aspecto compasivo del amor hacia el ser que está en desgracia. ¿Quiénes son esos seres en desgracia? De hecho, todos estuvimos en dicha condición alguna vez y aún existen muchas personas que no han encontrado a Dios, y se sienten así. 
Pero la buena noticia que queremos ahondar es que la Biblia destaca la misericordia de Dios como una disposición suya que beneficia al ser humano y claramente nos expresa que tenemos salvación por su misericordia. 
Tomamos la Biblia y nos acercamos al texto de  Efesios 2:1-5:
1.Ustedes estaban muertos a causa de sus faltas y sus pecados. 2.Con ellos seguían la corriente de este mundo y al soberano que reina entre el cielo y la tierra, el espíritu que ahora está actuando en los corazones rebeldes. 3.De ellos éramos también nosotros, y nos dejamos llevar por las codicias humanas, obedeciendo a los deseos de nuestra naturaleza y consintiendo sus proyectos. E íbamos directamente al castigo, lo mismo que los demás.4.Pero Dios es rico en misericordia: ¡con qué amor tan inmenso nos amó! 5.Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia ustedes han sido salvados!”
Quizás en nuestras vidas encontramos momentos en los que nos alejamos de Dios por muchos motivos y justificaciones, en los que herimos y hacemos sufrir a los demás, en los que no nos valoramos y cuidamos… pero contamos con un Dios rico en misericordia”; “un Dios que nos ama inmensamente”.¿Somos capaces de dejarnos amar? ¿A quién recurro en los momentos difíciles? ¿Nos sabemos acercar a aquellas personas que nos han hecho sufrir o con las que nos hemos distanciado o la hemos sacado de nuestras vidas, y con amor sincero perdonarlas y limpiar mi corazón? Con certeza estaremos de acuerdo que esto es algo que tiende a quedar fuera de la fuerza humana.
Tendemos a tener más sentimientos de rencor, que de misericordia. Sin embargo Dios es el “Dios de toda consolación.”
3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, 4. el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”  (2 Corintios 1:3-4)
Dios derrama su misericordia en nuestras vidas para que nosotros también podamos mostrarla a aquellos que más lo necesiten, allí donde surja el clamor de nuestros hermanos y hermanas. En su ministerio público Jesús mostró misericordia para con los enfermos, los débiles, los más necesitados y los despojados de atención espiritual:
“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”. (Mateo 9:35)
Como seguidores de Jesús, no sólo podemos, sino debemos mostrar misericordia en casos concretos; ¿Cuáles son mis casos concretos? ¿Miro a mí alrededor y sé salir al encuentro de los más necesitados? ¿Con qué mirada me acerco al pobre, al que consume, a la mujer en situación de prostitución, a todo aquel que sufre violencia? ¿Cómo hacer tiempo para ir a visitar a la anciana enferma encerrada no sólo en su casa, sino en su propia amargura? 
Podemos seguir enumerando situaciones que nos vayan surgiendo desde nuestro interior. Las/os invito a hacer un espacio en nuestra vida cotidiana, buscar un lugar tranquilo, tomar unos mates y ahondar personalmente ¿qué nos dice? a cada uno éstos hermosos textos.
Para finalizar les comparto un Poema de J. Lun inspirado en Mateo 25: 31-46. Mientras lo leemos  reflexionemos cuantas personas tienen necesidad de consolación. 
Estuve hambriento
y tú formaste un club de valores humanos
y discutiste mi hambre.
Gracias.
Estuve preso
y tú te escurriste calladamente
a tu capilla en el sótano
a orar por mi libertad.
Estuve desnudo
y en tu mente
debatiste la moralidad de mi
apariencia.
Estuve enfermo
y tú te arrodillaste y agradeciste a Dios
por tu salud.
Estuve sin hogar
y tú me predicaste
del refugio espiritual del
amor de Dios.
Estuve sólo
y tú me dejaste sólo
para ir a orar por mí.
Tú pareces tan santo
tan cerca de Dios.
Pero yo sigo hambriento
y sólo y con frío.
Entonces, ¿adónde han ido tus oraciones?
¿Qué han hecho ellas?
¿De qué le sirve a una persona hojear
su libro de oraciones cuando el resto del mundo
clama por ayuda?
¡Hasta la próxima!
Nota: Gracias por todos los comentarios, reflexiones que fueron llegando al correo electrónico. Lo seguimos recordando: 

oblatascompartiendo@gmail.com

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