Por Hna. Shirley K. Riva

Llegamos a la última reflexión del año que nos aproxima a la Navidad. Es una fecha en que los sentimientos están como a flor de piel. Ya sea porque hacemos una memoria del año transcurrido, porque extrañamos a algún ser querido que ya no está o porque vemos lo hermoso que es vivir y llegar a festejar otro año de vida de familia, amistad, trabajo, salud, sueños, esperanzas. 

Mt2, 8-19: “En esa región acompañaban unos pastores que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo:- No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo-. Hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.  Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejercito celestial, que alababan a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por él”

Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros “Vayamos a Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado. Fueron rápidamente y encontraron a María, José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo contaron lo que habían oído decir sobre este niño y todos lo que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”

Tres frases en este hermoso texto para resaltar o llevar a nuestra oración: “No teman  porque les traigo una buena noticia, una alegría para todo el pueblo”… Qué lindo es recibir buenas noticias y en el diario vivir cuantas veces se nos pasan desapercibidas, porque nos suele pasar que enseguida las oscurecemos con algún pensamiento negativo. Hace un tiempo escuché una reflexión de Pilar Sordo (Psicóloga, escritora y conferencista) que decía justamente esto de los pensamientos y las personas negativas como ejemplo: “conseguí trabajo… uy pero cuídate porque supe que ahí te explotan y pagan mal”… “tengo novio-a… averigua bien quien es no vaya a ser que te pase lo que le paso a….” “mañana nos vamos de picnic… mira el pronóstico mira que escuché en la radio que está por llover”… y como esto seguro que se nos vienen miles de ejemplos, pero que lindo sería solo quedarnos como los pastores con esta parte “traigo una buena noticia… que me alegra en este momento de mi vida, que me alienta para nuevos proyectos, que me anima a seguir soñando”. Y en la medida en que cada uno de nosotros seamos capaces de descubrir nuestra buena noticia personal, seremos capaces de ser un pueblo colmado de buena noticia, porque la buena noticia alegra el alma y eso es contagioso, ya que va transformándonos en seres positivos. No quiere decir que no pasen cosas malas sino que en la medida que vamos siendo capaces de ver algo bueno en medio de lo malo las cosas se viven con esta certeza de que Dios está junto a nosotros acompañando y dando señales de su cercanía; ya sea mediante alguien que tuvo un gesto desinteresado, solidario o simplemente porque las cosas me salieron dentro de todo bien. 

La siguiente frase “y en la tierra paz a los hombres amados por él”… que belleza de palabras. En este momento en que el mundo esta tan convulsionado, recibamos con fuerza este abrazo de Dios que nos quiere dar Paz porque nos ama, sencillamente porque desde siempre nos soñó, nos amó y nos tiene grabados en la palma de su mano, somos sus hijos predilectos en quienes tiene puesta su mirada de amor.

Y la siguiente frase: “conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”, ejemplo el de María como mujer que sabe rumiar la palabra y los signos de Dios en su vida y en su entorno. Aun aquellas cosas que no supo comprender del todo al conservarlas en su corazón llegado el momento le hicieron dar luz a los acontecimientos nuevos que le tocaban vivir. Estamos en un momento donde todo pasa rápido y está hecha la vida para vivir el aquí y ahora. Pero depende de nosotros que podamos llevar una vida interior cargada de sentido y de profundidad. 

El día pasa rápido, cada encuentro con alguien pasa  rápido,  pero según nuestra capacidad de profundidad  interior, va a depender,  que ese pasar rápido este lleno de buenos momentos que guardemos en el corazón o de alguna herida que se nos grabe para siempre. 

Un día mal vivido nos puede dejar una carga que no se nos olvida por mucho tiempo. Un encuentro colmado de dolor, palabras hirientes, malos gestos nos puede dejar heridas difíciles de sanar. Depende de cada uno de nosotros como queremos que sea cada día de nuestras vidas, o cada encuentro que vivimos con alguien. 

Que este nuevo nacimiento de Jesús renueve en cada uno el deseo de ser felices, nos regale la capacidad de perdonar, sanar heridas y por sobre todo nos colme de su Paz. Seamos capaces de descubrir a Jesús que sigue naciendo en cada persona que está a mi lado, que podamos tener una mirada de ternura para con los niños en situación de calle, para con cada abuelo que sufre la ausencia de sus seres queridos, para con cada mujer que sufre marginación y exclusión, en definitiva, un nuevo nacimiento y corazón capaz de amar a quien sufre. 

Bendición final: 

“Que la mano del Señor se pose sobre vos, que te muestre su rostro y en ti brille como el sol.  Solo le pido al Señor, que tu amor viva para Él. Solo quisiera ver tu alegría en su esplendor, esa de aquel día cuando sean uno en su amor. QUE EL SEÑOR TE BENDIGA QUE ALEGRE TU INTERIOR. QUE EL SEÑOR TE BENDIGA Y TE GUARDE EN SU CORAZÓN.”



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