Es tiempo de “renovar la esperanza”

Por Hna. Juana Lescano

 

De mano de las Bienaventuranzas (Mt.5, 3-12) nos invitamos a transitar este tiempo de espera:

“Felices los que tienen el espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los cielos”

“Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados”

Ya llega el tiempo de adviento, bendito tiempo donde contemplamos la venida del Redentor. Recordamos que Jesús nació en un pesebre porque no había un lugar para él… Allí, donde le llegó la hora de nacer, sólo contaba con la posibilidad de ser cobijado en un establo, allí donde trabajaban los pastores cuidando sus ovejas. Su madre lo envolvió en pañales y lo acostó en esa humilde condición, ya que no había lugar para ellos en la sala principal de esa ciudad. Sin embargo, la tierra entera fue su cuna, su posada, su Belén. Desde el despojamiento hizo suya la “casa común”. 

En los tiempos que corren, gran parte de la humanidad peregrina un largo camino buscando su lugar en el mundo. Acobardados por la pobreza, desesperados por la corrupción de sus gobernantes y por falta de justicia, de pan y de paz se lanzan a recorrer un desierto con la esperanza de calmar su sed. 

La humanidad tiene sed de justicia, de solidaridad y de ser escuchada por quien tiene el poder de dar una solución a sus padecimientos. Este año, una mujer del país de Honduras decía: “que se pongan la mano en la conciencia”, con esto se refería a los gobiernos, pidiendo que activen una respuesta al clamor de su pueblo.

Pongamos hoy la mano en el corazón y en la conciencia ¿De qué manera podemos hacer que esta historia se vaya transformando? Es urgencia del Reino que cada ser humano encuentre su lugar en esta tierra.

“Felices los que trabajan por la paz porque serán reconocidos como hijos de Dios”

En esta bienaventuranza nos invitamos a encender la sed de justicia para que esa paz sea posible y real. Porque no es posible encontrar la paz sin derechos en la tierra.

“Felices los que lloran porque recibirán consuelo”

“Felices los compasivos porque obtendrán misericordia”

Felices si todavía somos capaces de conmovernos. Y felices cuando en un gesto de abrazo comencemos a desandar tristezas. Felices si buscamos juntos y juntas transformar las causas de las angustias.

Con estas bienaventuranzas nos invitamos a encender la sensibilidad y proclamar que es tiempo de amar con ternura.

“Felices los pacientes porque recibirán la tierra
en herencia”

En esta bienaventuranza podemos pensar que la paciencia tiene que ver con la sabiduría. Creo que las personas sabias conocen de cerca y cultivan la paciencia. Deseo que en este tiempo de adviento cultivemos esa paciencia. Cada ser a su manera va aprendiendo del camino que ya transitó. Cada cual va cosechando experiencia y sabiduría, cada cual buscándole la vuelta para llegar a esa tierra merecida, a ese sueño merecido. Tengamos la certeza que grandes conquistas son fruto de una gran paciencia histórica. 

“Felices los de corazón limpio porque verán a Dios”

Es tiempo de limpiar la mirada, la escucha y el corazón. Si limpiamos la mirada, la escucha y el corazón veremos con otros ojos nuestra humanidad y descubriremos que somos BUENA NOTICIA.

“Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los cielos”

“Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.”

Estas últimas bienaventuranzas nos interpelan a ser profetas, a llevar la luz de Cristo en nuestras vidas, a ser esa luz hasta las últimas consecuencias. Ojalá tengamos el coraje, el corazón, la valentía y astucia que revierta esta historia de la humanidad que parece sin rumbo y con el alma herida.

Me pregunto ¿Cuáles serían hoy esos gestos proféticos?

Me animo a pensar que uno de los gestos más revolucionarios puede ser el coraje de transformar el corazón para abrazar la vida, especialmente de las personas que hoy no encuentran un lugar, una posada, un sitio. Felices si nos animamos a jugarnos la vida con gestos proféticos de misericordia y de justicia.

Cristo es la luz hecha historia que continúa acompañándonos en medio de nuestra humanidad que sigue padeciendo la oscuridad de tiempos difíciles. Ya va llegando la Noche Buena, la Noche de Luz. Somos gente de esperanza y la expresamos en esa invencible fuerza que llevamos en nuestras vidas. La llevamos a manos llenas, la llevamos en el corazón, en nuestros ojos, en la mente, en cada paso que damos. 

Volviendo al escenario que nos relata el nacimiento de Jesús, podemos aprender de los pastores. Ellos supieron dar cabida a la vida de alguien tan pequeño y tan grande. No importa cuál sea nuestra condición si estamos en actitud de cuidar la vida. Que en esta Navidad seamos pastores y pastoras abrazando nuevamente al Redentor. Y que en esta Navidad podamos seguir cultivando actitudes que dejen la vida acontecer. ¡Feliz Navidad!


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