Hna. María Alejandra Mancebo – osr

Querida amiga y amigo con quienes estuvimos encontrándonos este año a través de nuestra querida revista Puerta Abierta. Estamos llegando al final de las reflexiones en torno a la Palabra de Dios con el trasfondo del Año de la Vida Consagrada que celebramos durante este año 2015.
En las ediciones anteriores me atreví a hacerte algunas preguntas:
¿Cuáles son los susurros, la “suave brisa” en que Dios te habla?
¿Estás siendo alegría de Dios en medio de tu cotidianeidad?
¿Con tus acciones proféticas ayudás a cumplir el sueño de Dios?
Hablamos de “características que, tanto la Vida Consagrada como todas las otras formas de vida están llamadas a vivir para hacer de nuestro mundo un lugar más agradable”. ¡Estas características están siendo una necesidad urgente! Basta contemplar las situaciones que se destacaron en los noticieros a lo largo de este año. Cuánto dolor, cuánta tristeza… En qué lugar sombrío se transformó nuestra casa común para mucha gente…

Hace poco tiempo el padre Paulo Gil, de la parroquia “Menino Jesús” aquí en São Paulo, nos decía en una Celebración de la Eucaristía: “Delante de las calamidades que están sucediendo muchos se preguntan: ¿dónde estaba Dios?” Y nos invitaba a hacernos otra pregunta: “¿Quién no estaba con Dios?”… Te comparto esta pregunta que sonó como una respuesta a esa otra que secretamente muchos nos hacemos delante de tanta muerte, deshumanización, injusticias como las que vivimos a diario. Y la comparto también, porque creo que se relaciona muy bien con la última característica de la Vida Consagrada que quiero presentarte: Somos llamados a vivir la Comunión. Porque necesitamos estar en Dios para responder al pedido de Jesús: “Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto.” (Mt. 5,48)
Y la perfección de este nuestro Dios no reside en otra cosa que no sea el Amor.
Date un tiempito para meditar la Palabra de Dios. Tomá tu Biblia y buscá la Primera carta de Juan, capítulo 4 versículos del 7 al 10 y del 18 al 19:
¿No te parece interesante descubrir qué diferente es la lógica de Dios en relación a la nuestra? En estos tiempos donde todo se mide por la eficacia, donde para alcanzar un reconocimiento hay que hacer esfuerzos desmedidos, nos encontramos de cara con esta forma maravillosa de amar: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero… Así de gratuito, sin pedirnos nada a cambio.
Quien no está con Dios pierde la capacidad de mirar y relacionarse con los demás como hermanos y hermanas, todas amadas de la misma forma por este Dios que nos sorprende. Pierde la capacidad de cuidar la vida, de generarla. Llega hasta matarla.
Podés preguntarte:
Mirando tus relaciones: ¿estás siendo reflejo del amor gratuito de Dios que se expresa en generosidad, solidaridad, cariño verdadero y desinteresado o estás siendo el centro, procurando reconocimiento, atención, tus propios intereses?
Delante de las difíciles realidades que contemplamos: ¿te duele el dolor de los/as otros/as? ¿Sos sensible cuando la vida clama? 
¿Cuáles son tus gestos de cuidado de la vida? 
Hay una canción linda que dice en el refrán: “Es que Dios es Dios familia, Dios amor, Dios Trinidad. De tal palo tal astilla somos su comunidad” 1
Vivir la comunión, no es otra cosa que ser miembros de esta Familia de Dios. La mejor de las familias donde reina la comunicación, el compartir, el sentir con el otro, la solidaridad, el defenderse mutuamente, la confianza… En fin, pensá en lo mejor de tu propia familia como en aquello que aún le falta alcanzar.
Adquiere sentido así otro texto del Apóstol Pablo: “Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría.” (1 Cor 12,26)
Hoy, más que nunca, el llamado a vivir la comunión se escucha con más fuerza. Porque todo nos lleva a vivir en desunión. La inseguridad, el miedo, la desconfianza, la lucha por el poder, la ambición sin medidas, el narcisismo, el individualismo son sentimientos y actitudes que nos colocan en islas. Basta dar una mirada a nuestras casas rodeadas de muros y alarmas.
En su carta apostólica a los Consagrados y Consagradas el Papa Francisco nos dice a la Vida Consagrada: 
“También espero que crezca la comunión entre los miembros de los distintos Institutos. ¿No podría ser este Año la ocasión para salir con más valor de los confines del propio Instituto para desarrollar juntos, en el ámbito local y global, proyectos comunes de formación, evangelización, intervenciones sociales? Así se podrá ofrecer más eficazmente un auténtico testimonio profético. La comunión y el encuentro entre diferentes carismas y vocaciones es un camino de esperanza. Nadie construye el futuro aislándose, ni sólo con sus propias fuerzas, sino reconociéndose en la verdad de una comunión que siempre se abre al encuentro, al diálogo, a la escucha, a la ayuda mutua, y nos preserva de la enfermedad de la autoreferencialidad.”
Pero esta es una invitación para todos/as: Salir… Juntos… Proyectos comunes… Intervenciones sociales…
¿En qué espacios podés participar o crear para vivir la Comunión como expresión del amor de Dios que sale de sí y se abre al cuidado de la vida?
¿Cuáles son los proyectos (no hablo solamente de los personales) que estás llevando adelante junto a otros/as? 
¿Estás formando parte de una acción comunitaria que tenga un impacto social? 
Cuando todo parece empujarnos para dentro estamos desafiados a “salir de sí mismos para ir a las periferias existenciales” dice el Papa Francisco. A superar nuestras comodidades e inseguridades, a dejar de pensar en el otro como una amenaza, y comprometernos en las luchas solidarias por el bien común participando en grupos barriales, parroquiales o virtuales que se organizan en defensa de la vida amenazada.
Papa Francisco continúa: No os repleguéis en ustedes mismos, no dejen que las pequeñas peleas de casa los asfixien, no queden prisioneros de sus problemas. Estos se resolverán si van fuera a ayudar a otros a resolver sus problemas y anunciar la Buena Nueva. Encontrarán la vida dando la vida, la esperanza dando esperanza, el amor amando… 
Querido amigo, querida amiga, este año 2015 ya termina. Sin duda fue una oportunidad para poder vivir atenta/o a los susurros de Dios y desde ahí ser testimonios de la alegría, profecía y comunión que viven los que seguimos a Jesús.
En esta Navidad, una vez más, abrí las puertas de tu corazón a Jesús que quiere nacer en vos con amor, fortaleza, coraje, consuelo, armonía, paz… y todo lo que de bueno podés imaginar. Y no olvides que Jesús no nació solo, con Él estaban María, José, los pobres del lugar y la creación representada en los animales que daban calor, “porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,20).

Que Dios te bendiga y, en este nuevo año que se aproxima, puedas contribuir a hacer de nuestra “casa común”, nuestro mundo, familia, comunidad, escuela, barrio, Iglesia… un lugar más agradable, cuidado, humanizado…  
¡Vivamos al estilo de Jesús!

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