Por Hna. Juana Yolanda Lescano

Conmemoramos los 150 años de la Congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. Celebramos con gratitud, recordando que un día 2 de febrero de 1870, nuestra fundadora, eligió consagrarse a Dios para una misión específica. Este día, Antonia recibió el hábito de religiosa y realizó sus votos. Podríamos pensar que se dejó inspirar por el profeta Miqueas: “practicar la justicia, amar con ternura y caminar humildemente con Dios” 

(Mi. 6,8).

Antonia fue descubriendo paso a paso su vocación, ya era una mujer de casi cuatro décadas, cuando empezó a transitar las calles donde las mujeres ejercían la prostitución. Esta primera experiencia de misión la hizo siendo laica. Al principio se sentía muy confundida y un tanto esquiva, pero el Padre Serra la animaba a que juntos pudieran hacer algo a favor de ellas. Poco a poco fue dejándose interpelar por su amigo Serra y por un Dios presente en la vida de tantas chicas. Esa realidad la conmovió y confirmó en su vocación. Llegando a los 48 años, abrazó su opción de seguimiento a Jesús Redentor.

Vale reconocer que así como al principio le costó acercarse a esta misión, una vez metida en ella, su vida fue cambiando hasta el extremo. Allí descubrió el auténtico llamado y decidió fundar la Congregación, siendo ella la primera Oblata. Eligió llamarse Antonia de la “Misericordia”. Tanto su propio nombre como el nombre que eligió para la Congregación, Oblatas del Santísimo Redentor, expresan su entrega generosa.

Podemos imaginar que fue haciendo un proceso de escuchar a Jesús y, al mismo tiempo, esa realidad de las mujeres que le impactaba y le hacía aterrizar el evangelio. Seguramente fue aprendiendo de Jesús a amarlas con misericordia.

Desde la experiencia vocacional de Antonia, invito a toda la Familia Oblata a escuchar el evangelio y la realidad de las mujeres en estos tiempos. Miremos la actitud de Jesús frente a los fariseos que quieren apedrear a la mujer adúltera en Juan 8, 1-11. En Lucas 7, 35-40 vemos cómo Jesús se deja lavar los pies por la mujer que llevaba el estigma de pecadora. Y el suceso en Betania, antes de la Pascua, cuando una mujer unge su cabeza con perfume. Este pasaje de Marcos 14, 3-11 que el mismo Jesús dice: “les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo”. Jesús se refiere a las mujeres con gran amor y predilección (Mc. 14, 9). Veamos también el encuentro con la samaritana en el evangelio de Juan 4, 1-43. Me atrevo a confirmar que ya vamos haciendo esta experiencia redentora.

Agradeciendo la vocación laical y religiosa podemos recordar
y actualizar esta oración:

“Bendito seas Dios nuestro, encarnado en la historia, que por la fuerza del espíritu haz entrado en el corazón del mundo, y en Jesús te has revelado como un Dios rico en Misericordia. Te damos gracias por aquella mujer de fe que con su vida construyó espacios de ternura y justicia, en donde las personas excluidas encontraron sitio. Hoy recordamos a la Venerable Madre Antonia de la Misericordia que fue gesto de gran humanidad por su participación en la Obra Redentora de Cristo. Haz de ella nuestra intercesora en la Iglesia para que aprendamos a ser generosas sin límites, entrañablemente compasivas y nos sintamos personas seducidas por la tarea de afirmar la dignidad de todas y cada una de las personas del mundo”.

Algunos testimonios de las mujeres: 

“En mi vida, la Madre Antonia transformó mi fe. En la calle, cuando empecé a trabajar, no tenía ni idea de la fe, no la tenía. Muchas veces
le rezaba para que me cuide cuando iba a trabajar.

Siento que me cuida porque tengo mucha fe en ella. Con las mujeres practicamos los valores que ella impulsa. Impulsó empatía hacia las mujeres, cuidándonos, cuidarnos, respeto por una misma, escuchar. Pude estar en el camino que me permitió conocer otra vida, a transitar de una manera distinta. Me aferro en un camino, a un estilo de vida. Por eso hoy puedo sostenerme de su mano y sigo en búsqueda de su luz.” Adri

“Madre Antonia, en mi vida, yo te diría que significa mucho, porque
si mal no recuerdo, yo era muy cerrada. Vivía siempre con mi depresión, y más allá de la ayuda de la psicóloga y la psiquiatra, mi llegada a Puerta Abierta hizo mucho en mi vida. Para mí es una etapa muy significativa, porque ahí recuperé mi fe, que la tenía perdida. Recuperé la confianza en mí misma como mujer y como persona. Aprendí a valorarme mucho más. Yo te diría que es como si volviera a nacer porque cuando yo llegué era otra persona, volví a nacer y fui creciendo de a poco.

Si me pides que te diga una palabra no tendría palabra para explicarte lo que viví y vivo. La verdad que mucho.” 

Rossi P.


Categorías: espiritualidad

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