Me acuerdo más de mi vida de antes que la de ahora. Un día mis padres nos mandaron a mi hermana Estela y a mí, a la casa de un señor que tenía una finca con caña de azúcar y mandaba en cajones a la estación de trenes para colocarlas en vagones y enviarlas a otras localidades del interior de la provincia de Tucumán. Un día consigue permiso de mi papá, para llevarnos a su casa que quedaba en Amberes, a unos quince o veinte minutos de la estación de trenes donde vivía mi familia, ya que mi papá era el jefe de la estación de trenes de la ciudad.
Llegamos a la casa y nos recibieron bien. Era una casa grande, de material, una galería y un patio enorme de tierra con árboles altos y llenos de hojas que daban mucha sombra. Después de comer se puso muy lindo el día y salimos en el sulky con una chica de mi edad y mi hermana. Todo el camino era de tierra. Yo miraba, pero no hablaba nada, me daban mucho miedo los sapos que había por el camino.
Al salir del recorrido, era como una cancha cuadrada llena de pastos bajos, pero no preguntamos para que se usaba ese patio verde tan grande. Regresamos y la señora de la casa, ya tenía preparada la merienda, con tortillas que ella preparó y las hizo cocinar en el fuego. Fue muy rica esa merienda y luego el señor nos trajo en el sulky hasta la casa. Trajimos limones y naranjas que nos dieron para mi mamá.

Misara
Enero 2017

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