Inseguridad: Un flagelo de las actuales Economías de Mercado

Anabel Couchet Bassetti

Las Políticas Económicas  de Mercado, y sus  imposiciones ultraliberales, imperantes en la actualidad del mundo globalizado, separan a la sociedad entre pocos ricos y muchísimos pobres; creando un clima de violencia social que se ve reflejada más que nada en la inseguridad de los países subdesarrollados. Pero no son los cinturones debajo de la línea de pobreza, característicos de las ciudades y pueblos tercermundistas los más peligrosos, aunque sí los más perjudicados. Son los estratos poblacionales donde la publicidad y el
marketing hacen estragos, donde no hay valores éticos ni de moral, donde el culto al éxito (sin importar que sea una sandez) es el valor supremo, y el dinero es el santo de la devoción, deshumanizando las relaciones personales, apartándolos completamente de la espiritualidad y de los principios familiares esenciales; volviéndolos totalmente patéticos, record de salvajismo y crueldad, con conductas absolutamente animalezcas (con perdón de los animales).

De más está decir, que la inseguridad no nace en los grupos de jóvenes que hoy están delinquiendo, tienen el asentimiento, de padres, tíos y abuelos (golpeadores y abusadores, en gran número), de políticos, de abogados penalistas, de jueces y policías corruptos, que también pertenecen a los mismos estratos sociales, pero gozan del apoyo Estatal. A esta corruptela le sumamos el aporte de mediocridad que predomina en las esferas de los medios televisivos de aire, fomentando tales conductas; tema éste que trataremos en otra oportunidad. La inter venc ión del Es tado El Estado debería intervenir para corregir dichos abusos y desequilibrios, sin embargo termina siendo el principal cómplice. No sólo al permitir tanta liviandad en nombre de la libertad de expresión, también, al asociarse con cofradías mafiosas que se disputan los diferentes mercados, respirándose corrupción hasta en las cosas más simples de la vida.
Quedando muy lejos de cultivarse los modelos de altos valores éticos, incrementando la solidaridad social, el progreso cultural, y la evolución del Ser como Ser individual. Porque las cosas que se dicen, o se hacen, obedecen a motivos y/o designios opuestos a los manifestados explícitamente por las autoridades gubernamentales, careciendo en absoluto de poder de convicción.
Sabemos que la pobreza se crea, al igual que la riqueza; ambas son opciones de los gobiernos de turno, respaldados por dichas Economías de Mercado global. Las zonas de mayor explosión demográfica de estos países subdesarrollados, sumidas en la pobreza extrema, donde un importante porcentaje de niños  mueren de hambre y de diferentes enfermedades antes de tener uso de razón, responden a la perversidad de esa clase gobernante, protegidos y complacidos por los grandes mercaderes multinacionales.
ombres y mujeres adultos, tirando de un carrito desvencijado, hurgando basurales o recipientes con basura, han pasado a ser el chivo expiatorio de esta sociedad mercantilista y desalmada, instrumento de manipulación de quienes abusan del Poder, obligando a recaer sobre ellos el peso de la ley para cuando necesitan un culpable, hacinando cárceles “modelo”, mientras los verdaderos delincuentes se pasean ufanos con total impunidad.
Sabemos además, que en la mayoría de los casos, las ayudas humanitarias para esta gente, no van a parar a las bocas de los hambrientos, o para abrigar a los enfermos y desvalidos, ni a los grupos de campesinos o aborígenes necesitados, sino a engrosar cuentas privadas en bancos extranjeros de dirigentes avaros, que junto con los anteriormente nombrados, son los verdaderos gestores de la inseguridad que se está viviendo por éstos días.
Minoridad en peligro
Bajar la edad de imputabilidad de los menores  infractores, nos parece un cruel aprovechamiento sin precedentes de los Derechos del Niño. Si las autoridades gubernamentales tomaran con seriedad el problema, y se hiciera un relevamiento justo de cuántos chicos están delinquiendo o proclives a ser iniciados en esto, el número sería bastante más reducido al de los alumnos albergados en muchos colegios públicos de distintas provincias o ciudades. Lo que nos hace pensar que no es tan difícil reunirlos en una institución con una educación especial, lejos de esos antros vetustos y corruptos donde se les aloja actualmente, y vuelven a salir más delincuentes que antes. También lejos de sus familiares y de los adultos que fomentan la delincuencia juvenil: como policías, jueces, abogados y políticos mafiosos. Los costos de una institución de tales características no es ninguna excusa, porque el precio que está pagando la sociedad en este momento, está por encima de todo valor monetario, es el precio de la dignidad, del respeto, y del derecho a la vida, que han sido vilmente ultrajados

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