POR DANIELA PICCININI

Ni Una Menos surgió en el 2015 de la necesidad de decir “basta de Femicidios”, ya que en ese entonces en Argentina cada treinta horas una mujer era asesinada. Es un grito colectivo, que fue formado por un grupo de periodistas, activistas y artistas, que creció y se convirtió en campaña colectiva cuando la sociedad se lo apropió. Se sumaron a este movimiento, miles de personas, organizaciones y militantes. De esta manera el movimiento logró instalarse en la agenda pública y política. 

Hoy después de cinco años de aquella primera movilización volvemos a salir a la calle porque cada veintiocho horas una mujer es asesinada, porque no queremos más que varones en posición de poder nos sigan violentando y sigan abusando sexualmente de ninguna mujer, traba, trans, lesbiana, o bisexual, porque no queremos que sigan criminalizando a lxs migrantes, porque no queremos que sigan explotando nuestros territorios, salimos a la calle para gritar contra la justicia patriarcal, contra la feminización de la pobreza y contra el endeudamiento, contra el racismo, contra la moralización de nuestros deseos y contra aquellxs que quieren combatir la “ideología de género” y demonizar la Educación Sexual Integral (ESI), salimos contra este gobierno que quiere negar el trabajo doméstico y abolir la ley de jubilación para las amas de casa.

Después de 5 años de aquella primera movilización volvemos a salir a la calle y somos millones, pero ya no solo salimos para gritar y para repudiar al Estado y al sistema patriarcal que nos oprime, nos empobrece y nos condena, sino también salimos para (re)encontrarnos y acompañarnos, para (re)conocernos y sentirnos hermanadas en cada grito y abrazo colectivo. Porque tomamos las calles y de ahí no nos mueve nadie. Tomamos las calles para reivindicar nuestros derechos y pedir que se sigan expandiendo, para que nos vean y nos escuchen en todo el mundo, para que sepan que no nos callamos más y que ya no nos para nadie. Y hoy después de 5 años, son las pibas más que nadie, las que, con alegría y sororidad, se apropian de las calles para reivindicar la importancia del deseo y el goce con el feminismo como bandera y herramienta de transformación. 

 ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!

POR DANIELA PICCININI

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