Por Denisse Fernanda Meliet. Foro “Infancia Robada” – Constitución

Violencia es todo. Violencia es insultar, pegar, menospreciar, pasar por al lado de una persona en situación de calle y seguir caminando, no mirar a los ojos a un nene que viene a pedirte comida. Violencia es ignorar, es no levantar la mirada cuando alguien te habla, es hacer que una persona se sienta lo mas chiquito, lo más indefenso.
Una de las formas más cobardes de la violencia es la violencia hacia niños y niñas. Es esa violencia que se ejerce sobre un diminuto ser humano que no tiene todo aquello que tiene el adulto para defenderse, que no tiene la fuerza para responder, que no tiene esa maldad para devolver la violencia que descargamos sobre él, aunque sí tiene derechos inalienables como ser humano -como los tenemos todos- y específicos por ser niño o niña.
Existen diferentes tipos de violencia: aquella que uno ejerce sobre uno mismo, la que se ejerce sobre otro y la llamada violencia social. Estos tres grandes grupos de violencia son parte un circulo, que puede llamarse “vicioso”, ya que partiendo de una de ellas, cualquiera fuese, se pueden desencadenar las otras dos. Es un dominó donde una ficha cae y el resto, casi por inercia, inevitablemente cae también. 
Preguntémonos cómo puede ser la vida de una persona a la cual se la cría diciéndole que no sirve para nada, o se la corrige a los golpes y sin explicaciones… Cómo puede ser el futuro de una persona que desde temprano experimente esa violencia, que empieza de un modo específico pero que luego se desarrollará y expandirá de muchas maneras. ¿No experimentará violencia el día que ese niño (convertido en adolescente) decida irse de su casa porque a nadie le interesa ayudarlo o motivarlo? ¿Quién se interesará en él o ella cuando esté sentado en una vereda? ¿Qué motivaciones podrá tener para estudiar? ¿Qué trabajo puede llegar a conseguir? Si siempre le dijeron que no servia ¿Y si no sirve para nada que hará? ¿De qué vivirá? ¿Cómo subsistirá? 
Podemos ver que la violencia verbal, psicológica o física que se expresa en lo privado, pronto pasa a ser una violencia social donde nadie mira a quien tiene al lado. Entonces, el que no tuvo acceso a los recursos o bienes básicos es sujeto del desinterés de una casi toda la sociedad ¿Y entonces qué le queda? Le queda una vida sin autoestima, sin salidas, una vida invisible, una vida tratando de que el día sea lo más corto posible para no pensar en la familia que lo dejó irse, para no pensar en el trabajo que no tiene, para no pensar en la salida que tanto cuesta encontrar.
Algunos buscan ayuda y otros hacen lo que pueden para salir adelante: a veces esa salida es prostituirse, juntar cartones, buscar “changas”, vender drogas o, incluso, consumirlas. Pero el que se droga, el que junta cartones, la o el que se prostituye no lo hace porque quiere o porque le guste. Debemos cambiar la mirada sobre estas situaciones y recapitular en tantos “pasados” de violencia que hoy condicionan estos “presentes”. Siempre es un buen ejercicio ponerse un minuto en los zapatos de ese otro o esa otra: a quien le dijeron que no servía para nada, a quien violentaron de tan diversas maneras… Pongámonos ahí y vayamos “bajando un escalón”; porque desde una frase, una mirada no recibida o una mala mirada…desde ahí se empieza a “bajar un escalón” hasta sentirse lo más diminuto, hasta volver a ser ese nene al que despreciaron, al que le pegaron, al que abusaron. Ese niño que no pudo defenderse y al que nadie defendió.
Aquellos que cargan con ese pasado, tan sufrido, y buscan un lugar donde sentirse contenidos, escuchados y donde ser ayudados recurren a espacios de contención y respuesta muy diversos. Uno de ellos  es el Foro “Infancia Robada” del barrio de Constitución, que funciona en la Iglesia “Corazón de María”. Se trata de un espacio abierto y multidisciplinario, conformado por personas que buscan ayudar de corazón a aquellos que lo necesitan, enfocándose especialmente en niños y familias que buscan ayuda desesperada ante situaciones de violencia y exclusión, para poder conquistar sus derechos fundamentales y así salir adelante. 
Desde mi experiencia, llevo ya casi dos años en “Infancia Robada” y también integro el “grupo juvenil” del Colegio San Antonio María Claret, desde el cual se concurre a barrios carenciados en la localidad de Florencio Varela, con el fin de promover aquellos valores, que como misioneros consideramos esenciales, en las personas y más aún en aquellos niños que viven una realidad tan dura. 
Al día de hoy he acompañado diferentes situaciones, he escuchado muy diversas historias… Cualquiera que fuese y conociese a uno solo de los chicos de Florencio Varela o a las personas que se acompañan desde el grupo de Constitución, le bastaría para entender y querer hacer todos los días el ejercicio de escuchar, sentir y pensar desde la perspectiva de aquél que vive y carga con una historia de vida llena de dificultades. Puedo asegurar que nunca más tendría una mala mirada para con el otro o que nunca más miraría para un costado.
Para finalizar, quiero compartir fragmentos de dos canciones, que me recuerdan cada rostro, cada historia y cada momento.
Oscarcito (Las pastillas del abuelo)
“Hola amigo, qué tal, soy Oscar, tengo nueve añitos, una casa por algún lugar y siete hermanitos. Le cuento que me gusta jugar pero juego poquito. En la calle que hoy es mi hogar comen más los mosquitos. No se asuste señor, por favor, no se asuste, no muerdo, no ladro […] Ay Oscarcito, cómo brillan tus ojitos. Ay Oscarcito, siempre sucias las manitos. Dónde hay un cacho de sol para poder calentar a tu dulce corazón que no se quiere apagar. […]Y si no hay ni una miga “jalamos” para que el estómago no haga más ruido. […]”
Hijo de las armas (No te va a gustar)

“¿Te detuviste a pensar? De nacer en su lugar si sólo sintieras frío, poder morir o matar que ya no te importe nada, que nada te venga bien, o bien terminar con todo, poniendo el caño en la sien. Yo no elegí este calvario, yo no nací sin el alma sólo me aprieta la vida, soy el hijo de las armas […] las verdades de mi mundo hacen que empiece a desear que si llega la mañana no me pueda despertar […] Nadie tiene la respuesta, más violencia, más temor detrás de todo hay un niño que se muere de dolor […] Nadie nace sin el alma, sólo le aprieta la vida […]”
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