Por Juana Lescano y Noelia Álvarez

 

“El miércoles 8, a las once de la mañana, se le administró la Santa Unción, con conocimiento,
llegó a decir: Veo que llega mi fin; dejad que tranquilo eleve mi Espíritu…”
P. Serra

 

Hoy 132 años después, te recordamos querido Padre José María Benito Serra, intentando seguir tus pasos, tus sentimientos, tu sensibilidad. 

Tu generosidad y entrega ante tantas adversidades es ejemplo de compromiso a seguir. Cuando viste el sufrimiento de las mujeres en el Hospital San Juan de Dios, tuviste la certeza de que tenías que hacer algo por ellas y no dudaste, confiaste y abriste Puertas para ellas.

Esas Puertas, hoy se siguen abriendo dando posibilidades a mujeres en distintas partes del mundo, donde este compromiso es asumido por una gran familia: hombres y mujeres impregnados/as de tu espíritu y sensibilidad.

Hoy seguimos aprendiendo de tu sensibilidad, recordándote por medio de anécdotas. Destacamos aquella, en la cercanía de tu desaparición física, donde contemplamos tus gestos de ternura y cercanía, en esa oportunidad visitabas la casa de Zaragoza (la que inauguraste y bendijiste), y llevaste a las mujeres dos naranjas y un abanico para que les sea más leve el calor.

Esos pequeños detalles nos dan cuenta del Pastor que fuiste. Hoy te seguimos recordando, invocando y pidiendo tu bendición  para que nos acompañes en los distintos caminos que vamos haciendo como familia Oblata. 

Si vieras los Encuentros entre Laicos /as y Religiosas, los Encuentros Internacionales de Mujeres, las jornadas de espiritualidad donde compartimos con las mujeres la historia, la fe, el compromiso… Todos espacios que han ido creciendo en estos años. ¡P. Serra, como no creer que nos bendices! Con todo este camino de construcción conjunta para acompañar de la mejor manera a tus preferidas, las MUJERES.

Nos enseñaste a confiar en ellas y vamos descubriendo que ellas abren una nueva Puerta a sus vidas, confiando en ellas mismas, en su propio vuelo y animándose a emprender nuevos proyectos.

Gracias por tantos frutos, y que  desde la eternidad sigas siendo LUZ que brilla sin fin brindándonos tu cálida cercanía.

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